Mis 2 perras se pelean – Pautas de tratamiento

Si dos perras que conviven juntas han llegado a agredirse y provocarse daños serios, no existe una solución sencilla. Desde luego no hay magia ni truco que resuelva la situación de la noche a la mañana. Aunque es cierto que en ciertas ocasiones no queda otro remedio que separarlas de forma definitiva, también lo es que una gran cantidad de casos terminan solucionándose mediante una cuidadosa y correcta gestión. 

Factores que influyen a la hora de resolver peleas o conflictos entre dos perras que conviven

Cuando dos hembras que conviven juntas se atacan, existen algunos factores que determinan un mejor o peor pronóstico. Estos son algunos de los principales:

  • Gravedad de las heridas producidas en la pelea o peleas.
  • Duración del conflicto.
  • Capacidad para inhibir el mordisco.
  • Grado de control, conocimiento y actitud de los propietarios respecto a los animales.
  • Diferencias de edad, tamaño y salud entre las perras.

Todos ellos son factores que influyen en la dificultad para revertir la situación y traer de vuelta la paz.

 

Pero empecemos por el principio ¿Todos los perros pueden convivir juntos?

Existen diversos elementos que aumentan las probabilidades de que ambos perros no comiencen con buen pié su relación:

Si has decidido adquirir una segunda perra, antes debes tener en cuenta:

 

LA COMPATIBILIDAD ENTRE LOS ANIMALES: un primer error que se comete es no tener en cuenta las características de los perros que van a convivir.

Un guía experimentado quizás puede manejar situaciones diversas, pero para uno novato existen algunas combinaciones que pueden resultar problemáticas:

  • Un animal enfermo o demasiado mayor, con merma de su energía y capacidades físicas, a menudo puede sentirse irritado viviendo con otro joven, inquieto y enérgico.

 

  • Una diferencia de tamaño importante entre ambas perros puede dar lugar a un comportamiento predatorio, en el que el de mayor tamaño entiende que su compañera es una presa.

 

  • Las jerarquías sociales entre hembras a menudo no están bien definidas,  fluctúan y varían, se intercambian los papeles. Si además se trata de 2 hembras castradas, la ausencia de estrógenos y progestágenos que actúan como inhibidores de la agresividad, pueden aumentar las posibilidades de conflicto.

 

MALA GESTIÓN DE LOS RECURSOS ECOLÓGICOS: juguetes, comida, lugares de descanso son recursos valiosos y debemos evitar que generen competencia. La forma más idónea es que exista sobreabundancia. Si en vez de 1 o 2 juguetes, hay varios repartidos por la casa, ¿que motivo existe para pelear por ello?

 

UNA INCORRECTA INTRODUCCIÓN DEL SEGUNDO PERRO EN EL HOGAR: empezar con buen pié es importarte. Y realizar encuentros satisfactorios en zonas neutrales en un principio, para posteriormente pasar a zonas de paseo del perro que ya vive con la familia y finalizar en el hogar es la forma de no dejar al azar el devenir de la relación.

 

 

LA ACTITUD DE LOS TUTORES: a menudo es la persona quien, con la mejor intención del mundo, influye de manera artificial en la relación entre ambas perras sembrando el ambiente para el surgimiento de competitividad.

Por ejemplo, volcándose en la perra que lleva más tiempo en casa, ante el sentimiento de que la está abandonando al incluir a un nuevo miembro en la familia. De esta forma estamos influyendo en el transcurrir natural de los acontecimientos. 

Hay que establecer unas normas claras desde el principio. También coherencia y constancia en su aplicación. Ello ayuda a que ambas perras se sientan menos ansiosas, al poder prever las consecuencias exactas que tendrá cada uno de sus comportamientos, los buenos y los malos.

Asimismo, las normas aplicadas por un tutor con liderazgo sólido generan la mejor base para que ambas perras establezcan sus jerarquías sin tener que recurrir a la agresividad. Y es que si los propietarios no son fuente de seguridad, los animales lo notarán.

Existen múltiples situaciones en las que las propias perras resolverán sus conflictos de forma adecuada, sin necesidad de recurrir a comportamientos agresivos. Y así debe ser y no hay porqué entrometerse.

Es en las situaciones que indican un aumento de la tensión, cuando la persona debe intervenir situándose por encima de ambas, no tolerando esos comportamientos y tutorizando hacia respuestas más adecuadas.

Para evitar un deterioro de la relación, es importante observar síntomas previos de incomodidad o de abuso de una perra sobre la otra y detenerlo antes de que se incremente en frecuencia e intensidad.

 

 

Mis dos perras se han peleado ¿Qué hacer?

Si la pelea ya se ha producido y ha ido más allá de un ritual de advertencias, provocando daños físicos en alguna de las perras, es IMPRESCINDIBLE ponerse en manos de un experto en gestión de conductas.

Si el tutor fui incapaz de advertir las señales previas de tensión o incomodidad entre las perras que suelen preceder a comportamientos abiertamente agresivos, difícilmente va a ser capaz de reconducir la situación por sí mismo. No obstante, si que está en sus manos no empeorar la situación siguiendo los siguientes consejos:

 

 

Gestión o prevenir que se vuelvan a producir peleas:

 

  • Separar las peleas, no a los perros: una mala relación en el seno de una familia no puede suponer separar a los perros. De esta forma difícilmente se podrá reconstruir la relación. En este punto, recomiendo profundizar en la construcción de un espacio relacional seguro en el hogar, siguiendo los pasos recomendados en los libros “Los perros necesitan libertad” de Carlos Alfonso López García. En resumen, se trata de permitir y avanzar en la relación, pero evitando que los perros puedan dañarse.
  • Hay que evitar a toda costa aquellas situaciones que en el pasado han generado conductas agresivas mientras las perras no se encuentren bajo supervisión de un experto. Por ejemplo, si las perras se activan a la hora de competir por objetos, comida o juguetes que generan rivalidad… mejor no tentar a la suerte y evitar estas circunstancias en un principio. La repetición de otro encontronazo agresivo únicamente reforzará la agresividad y empeorará la situación. Además, este control ayudará a establecer una especie de historial de seguridad, es decir, un tiempo en el que los conflictos han sido mínimos o no han existido, lo que ayudará, tanto al propietario a sentir que vuelve a manejar la situación, como a las perras a recuperar un estado de mayor calma y confianza.

 

  • Mantener especial atención a las señales de nerviosismo o hiperatención que emitan las perras: mirarse fijamente, acercarse la una a la otra de frente, abalanzarse de forma brusca para ganar la posición por un recurso, tratar de arrebatar un objeto de valor (juguete o comida)… suelen ser comportamientos que preceden a una pelea. Por ello, los propietarios deben estar atentos a estas situaciones para frenarlas en sus primeras manifestaciones, siempre con seguridad y firmeza pero también expresando mucha calma. Todos los perros cuentan con un umbral de agitación que, una vez superado, les dificultará obedecer órdenes.

 

  • Interrumpir comportamientos que evidencian abuso o control excesivo de una perra sobre la otra: Si una de las perras se dirige hacia la otra haciendo amago de ponerse por encima con la pata, con la cabeza u hostigando, si la persigue al menor movimiento, la persona debe interponerse entre ambas perras con el cuerpo, desaprobar con firmeza al animal que abusa y darle un “tiempo muerto” apartado. Se le ordena que se siente y permanezca quieto y se la mantiene en esa posición unos minutos. Una cosa es la jerarquía que las perras establezcan de manera natural y otra bien distinta un comportamiento abusivo. Es nuestro deber proteger a la perra intimidada y hacerle entender a la perra que abusa que esa forma de relacionarse no le producirá ningún beneficio. 

 

 

Nuevas pautas en la relación entre perras y propietarios:

  • Cariño, firmeza y coherencia: 

Las 3 deben ir de la mano:

Una forma de lograrlo es exigir SIEMPRE una conducta o comportamiento concreto antes de ofrecer algo que desean.

Hay que tratar de que cada interacción con las perras sea una pequeña clase de adiestramiento cuyo objetivo sea un mayor control por parte de la persona, la fijación de su posición social respecto a las perras y el desarrollo y reforzamiento de la paciencia y la calma en el comportamiento de los animales.

Existen numerosas ocasiones a lo largo del día para poner en práctica lo anterior. Si las peleas no son continuas, varias de las situaciones pueden trabajarse con ambos animales a la vez.

  • Antes de poner la correa, sentadas.
  • Antes de comer, sentadas.
  • Si quieren atención y cariños, actitud de calma.
  • Jugar bajo unas normas claras: te sientas, agarras el mordedor / Jugamos al escondite, esperan a que se les llame / El juego se empieza a volver descontrolado, se detiene en seco.

 

  • Actividades conjuntas: realizar juegos o actividades que fomenten la colaboración, como juegos de olfato, paseos relajados o ejercicios de obediencia en los que ambos perros deben cumplir su parte para obtener la recompensa, suman tiempo positivo a la relación. Con quien disfruto, normalmente no tendré ansia para pelearme.

 

  • Premiar la paz:

Me refiero a aquellas situaciones en las que las perras se muestren de forma natural tranquilas y a gusto juntas. Son excelentes momentos para que los propietarios hagamos aún más agradables esos momentos y los reforcemos.

 

  • Restar valor a los recursos cuando nosotros somos el recurso:

Comida, juego, atenciones. Todos ellos son elementos de valor y a proteger para los animales. A veces el recurso más valioso es la propia persona,  de ahí que muchas peleas se inicien tras alguna acción de éste o ante su presencia. Si gestionamos los periodos en los que mostramos atención a las perras y evitamos que sean ellas las que inicien las interacciones, dejarán de exigirlas, de competir por ellas y estaremos eliminando una causa más de conflicto. Si da igual lo que ellas hagan, ya que nosotros decidimos cuando ofrecemos atención, tendrán un motivo menos para rivalizar.

 

  • Reconocer los buenos acercamiento:

Acercarse de lado, con sus cuerpos en paralelo, reconocerse a través del olfato, amagos o comienzos de juego, tumbarse una cerca de la otra son señales que indican un buen acercamiento. Muchos de los problemas pueden darse por la incapacidad de un perro para comunicarse o entender lo que otro perro le está comunicando. Ambas cosas pueden (y deben) enseñarse.

 

  • Restablecer una nueva ecología: cuando los perros viven entre abundancia de recursos, los conflictos tienden a ser menos. Por ello, tal como señalábamos al principio, mejor que sobren juguetes o lugares de descanso a que falten.

 

Conclusión:

Una agresión directa y con lesiones es sólo el último escalón de una escalera de tensión en cuyo recorrido las perras ya han emitido múltiples señales de que la relación no va por buen camino.

Y la repetición de episodios de agresividad, únicamente refuerza estos comportamientos. No se trata de situaciones que tiendan a resolverse por si mismas.

Es cierto, que a veces, cuando se ha llegado demasiado lejos, no es posible lograr una solución completa.

Pero también que en otras muchas ocasiones, si que se consigue. Aunque hay que advertir que nuestra experiencia nos dice que se trata de situaciones a las que hay que dedicar gran energía y determinación, que llevan tiempo y que tras un gran avance, pueden producirse retrocesos, principalmente motivados por la relajación al comprobar que las perras han mejorado su relación tras un periodo de tratamiento.

En cualquier caso, es imprescindible determinar cual es la base del conflicto. Una vez definido, podemos definir la mejor forma para trabajar.

Si te encuentras en esta situación o podemos resolverte alguna duda, consúltanos.

 

DOG TRAIN CANTABRIA

About the Author: Jon Arraibi

Adiestrador y educador Canino. Responsable del Espacio Dog Train Cantabria. More posts by Jon Arraibi