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Ponerle el bozal a tu perro ¿Cuando y cómo hacerlo?

El bozal una es de las herramientas más fiables que tenemos a nuestra disposición cuando existe riesgo fundamentado de que nuestro perro muerda a personas u otros perros.

Si el perro ya tiene un historial de conductas agresivas, es indispensable.

Si tenemos dudas sobre la reacción del perro ante determinados estímulos o situaciones, mejor prevenir y habituar al animal a llevar bozal y colocárselo en situaciones que consideremos de riesgo. Además, se trata de la única forma de trabajar los motivos que llevan al perro a atacar con un mínimo de seguridad.

Con un simple bozal, protegemos a otras personas y animales, pero también a nuestro perro. ¿Cuántos perros acaban sacrificados por una mala previsión de sus propietarios? Un simple bozal hubiera evitado el ataque y el posterior sacrificio del animal.

Muchos propietarios le quitan peso al problema. Quizás les cuesta aceptar que su perro puede hacer daño. Pero ante la duda, seamos responsables. Una mordedura es algo serio. Y una gran mayoría de perros con conductas agresivas pueden mejorar su conducta con un tratamiento adecuado. Demos una oportunidad al perro y evitemos riesgos para los que están alrededor.

 

¿Ponerle bozal para evitar que ladre?

No. Si queremos que nuestro perro no ladre, el bozal NO es la herramienta. Los perros ladran. Forma parte de su naturaleza. Y si el nuestro lo hace en exceso, existen muchas técnicas para disminuir esa conducta, pero insistimos, el bozal no se inventó para esto.

Aunque aquí, podemos realizar un matiz: los bozales tipo “tela” o “lona” pueden usarse como herramienta educativa ante un perro que ladra ante el mínimo estímulo. No para impedir que ladre, sino como un leve aversivo una vez se ha desarrollado la conducta. Le ponemos el bozal durante unos minutos, lo que tiene un efecto tranquilizante y se lo retiramos. El objetivo no es eliminar el ladrido, sino que el perro pondere cuando le compensa o no hacerlo.

¿Qué tipo de bozal elegir?

El único fiable como herramienta de seguridad (que no educativa) es el tradicional bozal con forma de canasta, bien de material plástico, cuero o metal. Además, muchos permiten al perro refrigerarse, beber y comer pequeños premios.

Otro modelo bastante extendido, es el bozal de lona o tela del que hablábamos una líneas antes y que cubre el morro del perro. Puede dar menos reparo a la vista, pero no es fiable como medida de seguridad. Permite al perro abrir la boca y morder.

Así que la elección está clara si buscamos seguridad: bozal de canasta que ajuste lo mejor posible a las características del perro.

 

¿Cómo habituar al perro al bozal?

Como con todos los objetos o accesorios que comenzamos a utilizar con nuestro perro, es necesario realizar un trabajo previo de habituación. Esto es que el perro establezca una relación positiva con el bozal. Sino se realiza este proceso, la simple colocación del bozal puede predisponer al perro a un estado emocional negativo.

 

¿Qué pasos debemos seguir para hacer del bozal una herramienta que no molesta al perro?

Existen múltiples formas, aunque la esencia es la misma: conseguir que el perro relacione el llevar el bozal con algo positivo.

Vamos con un método sencillo, progresivo y eficaz. Lo ideal es realizar estos pasos en varios días:

 

– Nos situamos frente al perro con el bozal en una mano y un premio alimenticio en la otra, y con ambas manos escondidas tras el cuerpo. Le mostramos al perro el bozal. Según lo mire, felicitamos con un “Bien” e inmediatamente le ofrecemos el premio de la otra mano. Repetimos este ejercicio hasta que el perro muestra interés por el bozal (con 10 repeticiones, suele ser suficiente).

– Sujetamos el bozal con una mano e introducimos varios premios, tapando con la palma los huecos del bozal para que la comida no se caiga. Soltamos las cintas de amarre del bozal. Repetimos en anterior ejercicio de mostrar de repente el bozal al perro. Esta vez deberá coger el premio del interior del bozal. Una vez ha recogido el alimento, retiramos el bozal rápidamente.

– Nos alejamos metro o metro y medio y repetimos el ejercicio. El perro deberá acercarse al bozal y recoger el premio del interior.

– Una vez el perro recoge el premio de dentro del bozal, es momento de comenzar a recompensar la permanencia, es decir, ir aumentando progresivamente el tiempo en el que está con el morro dentro del bozal. Para ello, mientras trata de recoger su premio, comenzaremos a unir y soltar alguno de los enganches. Al principio apenas unos segundos, para ir aumentando el tiempo poco a poco.

– Una vez superado el anterior punto, podemos dejarle al perro el bozal colgado del cuello mientras realizamos algún juego o actividad agradable o divertida con él, como un pequeño paseo.

– En este punto el perro ya tiene que observar el bozal como algo positivo, por lo que es el momento de atarlo completamente. Al principio, unos pocos segundos. Después unos minutos… Siempre en estos primeros momentos, con actividades agradables para el perro. No vamos a llevarle al veterinario el primer día que se le coloca el bozal. Lo único que conseguiremos es que realice una asociación negativa con el bozal. Si intenta quitárselo utilizando las patas delanteras, le ordenaremos una conducta incompatible, como un “Sentado”. Y, una vez realice la conducta, le retiramos nosotros el bozal. Nunca lo haremos mientras intenta arrancárselo (estaríamos reforzando esa conducta).

– A partir de este punto, debemos ponerle al perro el bozal durante periodos cada vez más largos y generalizando su uso a distintos lugares y situaciones. En casa, en la calle, en un paseo, en el parque… Eso si, recordad que el bozal es para situaciones y momentos puntuales. El perro no debe estar durante horas con un bozal puesto.

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DOG TRAIN CANTABRIA

En Dog Train Cantabria somos especialistas en adiestramiento canino, educación y gestión de conductas. Realizamos programas de trabajo a domicilio en Cantabria y Bizkaia y también en nuestra instalaciones de Mioño – Castro Urdiales (Cantabria).

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