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¿Es eficaz el castigo negativo para extinguir una conducta inadecuada en el perro?

Hasta hace bien poco estaba asumido que dejar de reforzar una conducta concreta dejando de prestar atención al perro era un recurso simple y eficaz para que ésta desapareciese, proceso conocido como extinción de la conducta.

De hecho, son muchos los adiestradores y educadores caninos que aún lo consideran válido.

Un ejemplo habitual: el perro se abalanza sobre nosotros cuando llegamos a casa. Una recomendación habitual en estos casos es no atender al perro actuar como si no estuviera presente (castigo negativo) mientras dure su excitación.

Si el tutor se mantiene firme en esa actitud la conducta de abalanzarse tenderá a desaparecer.  Eso si, según advierten muchos adiestradores que recomiendan esta herramienta, durante el proceso puede producirse un pico en la realización de la conducta del perro, su último intento por recurrir a una estrategia que hasta el momento le había funcionado para ser atendido por su propietario.

Lo cierto es que muchos trabajos basados en el castigo negativo para extinguir la conducta (en nuestro ejemplo retirar la atención del propietario hacia el perro) no terminan de funcionar.

A menudo, durante este tipo de procesos, el tutor se desespera y el perro sufre unos niveles de ansiedad y sufrimiento sumamente elevados. Tal como señala de manera acertada  C.A. López García en sus protocolos de adiestramiento cognitivo emocional, se trata de un malestar mucho más profundo que el que pueda provocar la aplicación de un refuerzo aversivo puntual.

Los recursos que le han sido eficaces al perro para obtener la atención de su propietario cuando llega a casa, de forma repentina, ya no sirven, no generan la consecuencia deseada y el perro entra en un estado de indefensión.  Desconoce que debe hacer. No se le ha ofrecido opción alguna para alcanzar lo que desea. Sufre, pero no aprende, ni gestiona, ni soluciona el dilema que se le plantea.

 

El tránsito del “dejar de hacer” al “hacer”

Por ello, siempre que se trabaje la extinción de una conducta es imprescindible enseñar al perro una conducta alternativa.

En el ejemplo de la llegada a casa, el perro podría ser permanecer sentado y esperar que la persona se acerque a acariciarle. De esta forma, puede recurrir a un segundo recurso que, al contrario que la conducta de abalanzarse, si que le resulta eficaz para el propósito que busca.

Además, evitamos la ansiedad gratuita, neurótica e inútil al ofrecer una alternativa válida a la que el perro puede recurrir.

Es importante, y sigo apoyándome en los protocolos cognitivo emocionales, haber entrenado por separado la competencia de “dejar de hacer” una conducta, es este caso,  abalanzarse. Y, una vez manejada con soltura, comenzar a enseñar la conducta alternativa.

Cuando ambas estén bajo control, podemos facilitar la transición del “dejar de hacer” al “comenzar a hacer”, es decir “dejar de abalanzarse” a “comenzar a esperar sentado”.

Por último, puede suceder que en estados de mucho estrés el perro puede volver a recurrir a la conducta extinguida al no poder acceder a las redes neuronales y de aprendizaje en las que se apoya la nueva conducta alternativa, ya que éstas se encuentras menos consolidadas que la conducta original. De ahí la importancia de seguir entrenando la conducta alternativa a pesar de que entendamos que el perro ya la domina.

 

DOG TRAIN CANTABRIA

En Dog Train Cantabria somos especialistas en adiestramiento canino, educación y gestión de conductas. Realizamos programas de trabajo a domicilio en Cantabria y Bizkaia y también en nuestra instalaciones de Mioño – Castro Urdiales (Cantabria).