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4 ideas (equivocadas) que muchos tutores de perros aún mantienen

Se estima que en los hogares españoles viven en la actualidad más de 5 millones de perros. Este dato refleja con claridad el enorme éxito de la especie para adaptarse a los tiempos. En tiempos no demasiado lejanos, el perro era utilizado básicamente como animal de trabajo (pastoreo, guarda y caza principalmente). Ahora, en cambio, una inmensa mayoría de los perros son “animales de compañía” sin ninguna función específica.

Esta realidad choca con el desconocimiento que aún se tiene sobre la naturaleza, comportamiento y psicología del perro entre la población en general. Vamos con algunas de las ideas equivocadas más extendidas y que aún están firmemente asentadas entre muchos tutores de perros.

 

  • Debemos imponernos al perro tal como hacen los lobos en la naturaleza: la teoría de la dominancia en las manadas de lobos está desfasada y fue negada incluso por su propio impulsor, Frank Beach. Aun así, no es raro encontrar por la calle a un propietario tumbando patas arriba a su perro mientras pone su mano en forma de garza en el cuello. Acciones de este tipo únicamente llevan a provocar terror y desconfianza en el animal, que en muchos casos detonan, además, la agresividad defensiva.

 

  • Los perros y las personas estamos a la misma altura jerárquica:  esta segunda idea se encuentra en el espectro contrario a la teoría de la dominancia.  Muchos tutores consideran que perro y persona deben estar al mismo nivel jerárquico. Se trata de una hermosa pero falsa idea. Este tipo de relación entre perro y persona se encuentra en la base de un alto porcentaje de consultas a expertos en comportamiento canino. El perro debe vernos como referentes, como tutores, como guías en un mundo repleto de normas y límites que no comprende. Quien además le ofrece alimento, cobijo, diversión y atenciones es el humano y así debe percibirlo. Y esto no significa hacer una gestión autoritaria de estos recursos como tantos entrenadores aún proponen, sino aprovecharlos con un enfoque educativo para fortalecer la salud física, cognitiva, social y emocional del perro.

 

  • Una jaula es como una cárcel para mi perro: la reacción de algunos tutores cuando se les recomienda que habiliten una jaula o transportín para su perro es tan negativa que parece que estuviéramos condenando al animal a cadena perpetua. Los perros se sienten seguros, tranquilos y a salvo en un espacio reducido si se les ha habituado correctamente. Puede convertirse en un lugar de descanso y desconexión cuando se sienta abrumado o desee apartarse. No obstante, esta herramienta no debe convertirse en la excusa perfecta para que el perro pase horas recluido por pura comodidad de la persona. Esto es injusto, cruel y empobrece enormemente la calidad de vida del perro.

 

  • Mi perro se siente culpable cuando rompe algo: un tutor llega a casa y se encuentra con sus zapatos favoritos hechos trizas y su perro escondido bajo la mesa. Conclusión de la persona: el perro se ha comportado mal, le he descubierto y ahora se siente culpable. Realidad: el perro percibe que la persona está enfadada. Se da cuenta de ello por sus gestos tensos, posturas, forma de moverse o tono de voz, pero realmente desconoce el motivo de ese enfado. Lo que si sabe es que mostrándose apaciguador, pequeño y dócil, la persona habitualmente rebaja su tensión. Y como le funciona esa forma de tranquilizar a la persona, el perro repite el comportamiento.

 

DOG TRAIN CANTABRIA

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