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La importancia de enseñar al cachorro a inhibir el mordisco

Durante los periodos críticos de socialización del perro, repartidos en las 16 primeras semanas de su vida, es de gran importancia que aprenda a inhibir su mordisco, tanto con otros perros como con las personas.

Trabajando una “boca blanda”, el perro será capaz de controlar con precisión la fuerza de sus mandíbulas. Para ello, la herramienta más infalible es el juego y el aprendizaje que de éste se deriva.

 

Inhibición del mordisco con otros perros

El relacionarse y jugar con distintos tipos de perros (una vez superado el mínimo de vacunaciones), junto al periodo que el cachorro pasa junto a su madre y hermanos durante sus primeras semanas, será de vital importancia para que interiorice ciertas normas no escritas a la hora de utilizar sus mandíbulas cuando se relaciona con otros de su especie. 

 

Inhibición del mordisco con personas

Ese mismo aprendizaje, aplicado a la relación con las personas, debe enseñárselo el dueño y resto de miembros de la familia a través del juego. Una manera eficaz de utilizarlo para ablandar la boca, consiste en mostrar una queja por nuestra parte y detener el juego repentinamente cada vez que las mandíbulas del cachorro alcancen nuestra piel provocando un mínimo dolor.

El juego controlado es efectivo. El juego descontrolado no lo es. El tutor debe ser capaz de suministrar al cachorro suficiente feedback para que entienda que todo juego tiene unas normas y que éstas pasan por utilizar sus dientes con extremo cuidado. Si el cachorro lo hace de otra forma, se terminó la diversión. Además es importante detener los juegos cada unos cuantos minutos y enseñar al perro a calmarse.

De lo anterior, es fácilmente deducible que un cachorro al que no se le permite jugar a morder tampoco aprenderá a inhibir correctamente su mordida.

 

Un pequeño esfuerzo, un gran beneficio

Como máximos responsables de un perro, supone una importante negligencia no enseñar al perro a inhibir el mordisco. Podemos poner en riesgo a terceros y, por supuesto, al propio perro. ¿Cuántos animales con los que no se trabajó la inhibición del mordisco de cachorros son sacrificados? Cómo animal social que vive con nosotros desde hace miles de años, ¿acaso no es cruel condenar al perro a una vida o muerte miserable por no esforzarnos un mínimo en prepararle para nuestras normas y modos de vida?

Ian Dunbar realizó un detallado análisis sobre la relación entre sociabilidad, inhibición del mordisco y riesgos. En este sentido,  distingue de menor a mayor riesgo:

 

  • Perros socializados con buena inhibición del mordisco:

Se trata de perros con mínimo riesgo de causar daños a otros perros o personas. Les encantan relacionarse, manejan perfectamente los códigos del lenguaje canino y son sumamente pacientes con las personas. A estas importantes barreras frente a la agresividad, se suma la correcta inhibición del mordisco. En el en caso de que un perro con estas características se sienta fuertemente amenazado o se le haga daño de forma accidental (pisarle la cola mientras está tumbado), su reacción se situará en un nivel de agresividad mínimo, reduciéndose a un quejido o un ladrido al aire. Incluso en el extraño caso de que la boca del perro entrara en contacto con la piel, lo más probable es que no cause daño alguno.

 

  • Perros poco sociables con buena inhibición del mordisco:

Estos perros tampoco representan un serio peligro. Tenderán a no acercarse a algunos perros o personas desconocidas y aunque tendrán un menor umbral para reaccionar que un perro correctamente socializado, su respuesta será la huida o una reacción defensiva de advertencia.

 

  • Perros poco sociables y con mala inhibición del mordisco:

En apariencia, puede parecer  la peor combinación. Perros desconfiados, inseguros, permanentemente ansiosos, a la defensiva y con incapacidad para controlar sus mandíbulas. No obstante, el hecho de que se trate de perros con escasa sociabilidad significa que mostrarán señales previas de su incomodidad, por lo que es probable que sean pocos los incautos que superen la distancia crítica del perro. Perros con estas características pueden protagonizar mordiscos de cierta gravedad con propietarios o personas y perros de su entorno más cercano, pero no con desconocidos.

 

  • Perros sociables con mala inhibición del mordisco.

La combinación más problemática. El perro se mostrará cómodo y amigable, dispuesto a acercarse a personas y perros, con interés por interactuar, lo que da pie a que su apariencia despierte nuestra confianza. Y precisamente ahí puede estar el riesgo. Si el perro se siente atacado o amenazado, muchas veces fruto de un simple accidente, como alguien que se tropieza y le golpea o le pisa de forma involuntaria, la reacción del perro puede hacer verdadero daño. Cogerá desprevenido al atacado y la ausencia de inhibición del mordisco puede provocar un ataque serio.

 

Para concluir, únicamente recordar que somos los máximos responsables de nuestros perros. Enseñarles a inhibir su mordida es sencillo cuando son cachorros. Un mínimo trabajo. Un máximo beneficio: para nosotros, para los demás y para nuestros perros.

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